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Mi difícil relación con el ejercicio



Tener esclerosis me llevó y me lleva a enfrentar muchos retos; físicos, psicológicos, espirituales y sociales. Cada uno ha sido una batalla interna diferente, un proceso doloroso pero liberador. Durante estos procesos he tomado decisiones grandes y pequeñas, unas equivocadas, y otras que me han llevado del trauma al triunfo, de la oscuridad a la luz y de la reclusión del alma a su liberación.


En medio de mis aciertos y desaciertos y haciendo una introspección de mi vida, con ojos sinceros, pero no severos, pues miro atrás para aprender y avanzar y no para juzgarme, me doy cuenta que durante estos años fortalecí mi corazón y mi humanidad, aprendí a habitar en un cuerpo que de un momento a otro empezó a sentirse y verse diferente, lloré, pero sané, y por qué no decirlo, me acostumbré.


La Esclerosis afectó mi movilidad, entre la espasticidad, y la rigidez de mis músculos, caminar se volvió todo un reto. Durante la aguda nebulosidad del diagnóstico decidí empezar terapias físicas, sin embargo, en ese momento tenía el corazón tan frágil como mis piernas. Esperaba que, con algunas sesiones, que además resultaban terriblemente dolorosas, mis piernas volvieran a ser como antes, y bueno, no dispongo del vocabulario adecuado para expresar la sensación de frustración que sentí cuando no sentí.


Dejé las terapias y el sueño de volver a caminar sin ayudas, acepté mi derrota y empecé a trabajar en la frustración que me habían generado mis intentos fallidos, lloré y me entristecí, pero ese mismo momento me devolvió la entereza.


Hoy sé que me equivoqué y que tengo mucho por hacer, elegí sentir curiosidad por hacer nuevos ejercicios, y dejé el miedo a un lado. La motivación ya no es la misma de hace un tiempo, mis metas son basadas en mi realidad, en mis fortalezas y debilidades físicas, en este caso el deporte es más un camino para seguir llenando la vida de vida y cualquier cambio adicional será felizmente recibido por mi alma colorida, así que esto resulta ser una ecuación justa y sencilla.


Han sido siete años viviendo con la esclerosis, conociéndonos y aceptándonos, años en los que he trabajado en la reconstrucción de mi mundo interior, ahora el reto es construir nuevos caminos basados en el hoy, pues el terreno del mañana es demasiado incierto para mí y para todos.


Tímida y moderadamente esperanzada estableceré una nueva relación con el deporte, ya ejercité y decoré mi corazón y mi alma, ahora es tiempo de fortalecer mi cuerpo, de sentirlo y oírlo mejor.


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