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Les presento nuestro Mundo Selvático



Han pasado 10 años desde que la esclerosis tocó a mi puerta y entró sin aviso y sin permiso. Hoy miro atrás y recuerdo los cambios progresivos que mi cuerpo empezó a experimentar, las tareas cotidianas del día se convirtieron en actos heroicos; caminar, ver, mover mis manos, eran un desafío amenazante y lo peor, sin razón alguna.


La implacable desesperanza se apoderó de mí y vivir era un verbo difícil de conjugar en presente, yo solo sobrevivía. Con el diagnóstico mi cielo volvió a tener estrellas, aprendí a tapar los agujeros de mis miedos y a minimizar los daños colaterales causados por la enfermedad. Me reseteé, me acepté y me amé en un cuerpo distinto, lleno de heridas, cicatrices y cambios. Solté el anhelo de volver a tener lo que la vida me había quitado, para darle paso a una nueva versión de mí.


La vida no se ve tan nítida como antes, las piernas andan al ritmo de un caminador, y mis manos tienen sus propios caprichos. Sin embargo, cada ínstate me exijo, no me permito cruzar líneas de difícil retorno, puedo caerme, pero me exijo levantarme más fuerte.


Hace un par de meses los ruidos de la enfermedad fueron mas fuertes que mis silencios y esfuerzos. Las manos se empezaron a sentir mas tensas de lo habitual, tuve perdida de fuerza, sensación de hormigueo y dolores que orquestaban mis movimientos.


Inicié diálogos hipotéticos con mi cuerpo en busca de soluciones y descubrí que debía hacer eso que tanto me estaba costando. Inicié un camino lleno de intentos, pinchadas, lágrimas y frustración, pero sobre todo de gratitud. Sí, arranqué junto a mi hermana del alma un proyecto de bisutería. Creamos Mundo Selvático, un pedacito en el universo lleno de accesorios, colores, amistad y fuerza. Un sueño que nació bajo la sombra de mis miedos y hoy me reafirma que las perdidas también admiten devoluciones.


Los invito a viajar a nuestro Mundo Selvático.


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