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El día que salí del clóset



Para mí no fue un tema de orientación sexual pero seguro la sensación es similar, encierro, oscuridad y miedo, invadían mi vida. Hace un año las fobias generadas por las secuelas de la Esclerosis y un fuerte golpe al corazón me llevaron al extremo, caminar era mi peor pesadilla; inestabilidad, vértigo y rigidez se convirtieron en las sombras de mis pasos. Un día en medio de la oscuridad llegó la luz, “Magy” mi caminador, el que me devolvió la independencia y se llevó los miedos a caer.

Al principio fue realmente alentador andar acompañada, sin embargo, poco a poco debí enfrentarme con la crueldad de las personas, y aunque pensaba que tantas guerras ya me habían dado alas de metal, descubrí que no, los comentarios y las miradas inquisidoras abrían nuevamente mis heridas.


Salir ahora no era difícil por mí, sino por los demás, lidiar con las caras de asombro, las preguntas indiscretas y otras discretas, los susurros de frente o a mi espalda, debilitaron en un momento esa valentía que te da ser parte de una minoría.


Mi corazón en retazos debía reconstruirse y para lograrlo decidí “salir del closet”. Entendí que era yo la que debía aceptarse y reconocerse, mirarse y quererse con todo y los cambios que la vida ferozmente me había dado. Salir al mundo con un escudo en el corazón pero con la frente en alto, orgullosa de mis heridas y mis cicatrices. Hoy somos tres transcurriendo la vida, caminándola sin prisa ni afán, y con este vicio incurable de amar la vida como ésta se presente.



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